En los tiempos actuales, que se
caracterizan por el cambio, realidades que se
innovan cada día, preservar una única manera de ser
y de comunicarse pareciera no ser una buena
elección, menos aún cuando la tecnología se apodera
cada vez más de la cotidianidad de las empresas y
demás instituciones productivas y operativas de cualquier sociedad.
La comunicación efectiva representa un elemento
fundamental que es indispensable para la integración y la interacción del
recurso humano en torno al marco conceptual de las organizaciones, permitiendo
una necesaria vinculación con la operación de las estrategias. Por esta razón, a
lo largo del ensayo, se aborda esa problemática para destacar la importancia de
la comunicación efectiva, en promover esa vinculación y por lo tanto orientar
los esfuerzos al logro de una visión compartida.
En este contexto
¿qué se entiende propiamente por comunicación eficaz o por un sistema de
comunicaciones eficaz? Breth (1974) expresa que la comunicación en las organizaciones
se plantea como vía por la que los sentimientos de grupos específicos respecto a la
gerencia se establecen, mantienen o mejoran. El autor plantea que “las relaciones y las
comunicaciones humanas son indivisibles porque es imposible llevar a cabo unas sin las
otras” (p.24). Entonces, cuando dos o más seres humanos se encuentran, tiene lugar
automáticamente una relación personal y una reacción de comunicación, en la que cada quien
establece de inmediato una opinión o sentimiento acerca del otro, proceso en el cual intervienen
las impresiones sensoriales mutuas.
Si se traslada
esta realidad comunicacional a las organizaciones, el sentimiento de cualquier
persona respecto a una empresa y a sus actores se desarrolla instantáneamente.
Si la opinión que
se forma en consecuencia es negativa o desfavorable, se habrá establecido un grado de
relación ineficaz del trabajador para con su entorno laboral; si, por el
contrario, se da un
sentimiento positivo y favorable, se habrá iniciado un proceso de relaciones humanas
eficaces.
Como dice
Ribeiro (1992:43), “el lenguaje no se usa para describir realidad. El lenguaje crea
realidad. Uno de los actos lingüísticos más poderosos para crear realidad es la afirmación”.
Pero no solamente lo que se dice incide en este proceso, sino también el cómo se dice, es
decir, el tono de voz y la expresión corporal utilizada para afirmar,
recordando además que
cuando existe comunicación con otra persona, “todo su cuerpo habla” (Ribeiro 1992:55). Son
los gestos y movimientos, factores que van mucho más allá de las palabras emitidas para
transmitir, comunicar un mensaje.
Por otra parte,
las comunicaciones son una cadena que empieza en la intención de decir, de
expresar (emisor) y termina en la conducta (receptor), en cuya conexión existe
una serie de
eslabones, abstractos y concretos, que contemplan de manera implícita la fase de acción
(dirección y control del comunicador) y la fase de reacción (efecto de la
acción comunicativa sobre el
receptor).
Así, la intención de comunicar o informar algo se constituye en el primer eslabón de la cadena de comunicaciones organizacionales, seguido por el contenido o la traducción de la intención en palabras orales o escritas, o símbolos que posean un significado claro y comprensible. Ello, sin embargo, no asegura el nivel de comprensión por parte del receptor, pues el ser humano es un complicado mecanismo dirigido por un intelecto complejo. Los más diversos factores individuales repercuten en el logro efectivo del mensaje planteado por el emisor.

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